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miércoles, 17 de febrero de 2016

LA SEXUALIDAD JUVENIL ACTUAL*


Ser joven en el siglo XXI no es fácil. Quienes nacieron en los últimos 15 años del siglo pasado son una generación con múltiples retos para experimentar sus emociones, vivir su corporalidad y relacionarse social, erótica y afectivamente.
Esta generación, se caracteriza por una enorme heterogeneidad y sincretismo, que no permite análisis ni conclusiones que se puedan generalizar a todos sus integrantes. Adicionalmente, hay que incluir factores como la influencia decisiva de los medios masivos de comunicación, la globalización y las corrientes de inmediatismo y facilismo que afectan sus experiencias vitales.
Los hijos e hijas de parejas que experimentaron la revolución sexual, crecen con un conjunto de valores que han cuestionado los modelos de feminidad y masculinidad tradicionales, la relación sexual y de pareja.
Actualmente, con una tasa de divorcio en Colombia que supera el 50 %, los y las adolescentes de hoy son bastante escépticos hacia el compromiso afectivo y la estabilidad familiar. La mayoría de ellos y ellas sienten un miedo profundo hacia el amor de pareja al que consideran fuente de desengaños y dolor. Al preguntarles sobre sus proyectos a futuro, en este tema de pareja y familia, no es raro encontrar jóvenes que dicen no creer en el amor, en la familia y que no desean tener hijos. Esto no excluye la existencia de quienes siguen manteniendo ideales muy tradicionales en cuanto a formar una pareja estable y tener hijos; sin embargo, aun en estos casos, no creen profundamente en la institución del  matrimonio, a no ser los y las jóvenes muy religiosos.
Los modelos estéticos actuales imponen una carga aun mayor a la auto-imagen juvenil que, de por si, está en el centro de sus intereses. La promoción de una delgadez extrema hace que, muchas adolescentes y aun muchachos, estén desarrollando trastornos alimenticios en su afán por obtener ese imagen de modelos que piensan les dará la popularidad y aceptación que tanto necesitan. Las modas que descubren cinturas, caderas y senos ponen las curvas en primer lugar; y no son pocas las niñas que están pidiendo cirugías estéticas de aumento de senos como regalo de 15 años.
Se ha desarrollado también, un interés juvenil masculino por los aretes en diferentes partes del cuerpo y por los tatuajes. Los muchachos tienen una mayor conciencia de su belleza corporal que en el pasado. Hay una tendencia a la feminización de la corporalidad. No es extraño escuchar a las niñas hablar de los ¨hembros¨ haciendo referencia a muchachos atractivos. Aquello de que el hombre y el oso entre más feo más hermoso, está mandado a recoger. Incluso hay toda una industria de belleza y cuidado corporal para los varones y ha surgido el prototipo del hombre ¨metro-sexual¨.
En cuanto a la vida sexual existen experiencias tempranas, encontrando una edad promedio de iniciación sexual a nivel nacional de 13.8 años para los muchachos y de 14.3 años para las niñas. Estas experiencias no son generalmente lo esperado por sus protagonistas por falta de madurez y preparación. Generalmente, hay modelos fantasiosos sobre las experiencias sexuales creados por los medios de comunicación que las presentan como glamorosas, excitantes y fáciles. En la vida real pueden darse ¨fácilmente¨ pero no son los fuegos artificiales que se han soñado. Hoy en día, a los riesgos de embarazo adolescente (que está disparado a nivel nacional) se agrega la amenaza siempre presente de las infecciones de transmisión sexual y específicamente del VIH/SIDA. Desafortunadamente los y las adolescentes, con sus sentimientos de invulnerabilidad, piensan que nunca les va a pasar a ellos.
El interés juvenil por experimentar, la curiosidad y la combinación de estos factores con el consumo, desde temprana edad, de alcohol y otras drogas, les llevan a involucrarse, circunstancialmente, en situaciones sexuales con personas de su mismo sexo. Las experiencias lesbianas se dan entre niñas que sin ser lesbianas lo viven por curiosidad o ¨moda¨. Entre muchachos que no son homosexuales se dan experiencias por curiosidad y abuso de substancias. Se ha llegado a acuñar un concepto que permite diferenciar estas experiencias con la orientación sexual en sí, se les denomina: HSH, para hombres que tienen sexo con otros hombres y no se consideran gays; y MSM para el caso de las mujeres que tienen sexo con otras mujeres y no se consideran lesbianas.
Los y las adolescentes llegando a la mayoría de edad, tienen retos adicionales que superar. El acceso fácil a material sexual explícito, pornografía, a través de la televisión, los vídeos y los computadores, les ha generado expectativas absurdas de lo que son las mujeres y los hombres reales y lo que es una relación sexual, por lo que se frustran fácilmente y desarrollan angustias innecesarias sobre sí mismos, sus parejas y las relaciones.
En cuanto a su lenguaje cotidiano, está plagado de contenidos sexuales, con términos que, aunque pierden su sentido original, no dejan de ser muy explícitos y genitalistas; palabras como ¨marica¨, guevón¨, ¨chimba¨ y ¨verga¨ son parte de su lenguaje social y los emplean a veces incluso frente a personas adultas. Esto ocurre en todos los estratos sociales.
Una sociedad que promueve lo light, ha hecho que también los y las jóvenes, en cuanto al sexo, quieran experiencias fáciles; siempre placenteras, con intensidad pero ¨sin personas intensas¨. En su mayoría, las personas jóvenes no desean compromisos y tienen poca tolerancia a la frustración, poca capacidad de sacrificio y un egocentrismo propio de la edad, pero exacerbado por las tendencias sociales imperantes.
No quisiera terminar este comentario, sin resaltar que aún existen aquellas experiencias que todavía se dan entre personas muy jóvenes que se enamoran profunda y honestamente y se comprometen vitalmente con otro ser humano, experimentando mucha felicidad. Y aunque no son de las mayorías, ní muchas veces duran la eternidad que pretenden, son importantes y valiosas de rescatar para continuar creyendo con esperanza en esta juventud actual.


*Artículo escrito por Pilar Aguirre Psicóloga, Sexóloga y Consejera de Bachillerato en un Colegio Privado en Bogotá para el libro de la Dra. Annie Acevedo sobre Los Niños y Jóvenes de Hoy. Publicado por Norma en el 2005. 






EL ROL DEL PADRE EN LA EDUCACIÓN DE LA AFECTIVIDAD

La paternidad es una oportunidad y una responsabilidad única para un hombre. Es el papel más importante, trascendente y con mayores retos e inquietudes en la vida masculina. Ser padre es un cambio dramático para la vida de un hombre. Su función social en la formación de las nuevas generaciones tiene un peso innegable.

En este ensayo se quiere reflexionar sobre el lugar del padre en la educación de la afectividad de sus hijos. Inicialmente se expondrán algunos elementos para la comprensión del plano afectivo en los seres humanos, para posteriormente analizar el lugar y la responsabilidad paterna en esta tarea.

La afectividad humana


La afectividad es una característica que nos posibilita la interacción con el mundo y otros seres. En los animales sus comportamientos son instintivos, con respuestas predeterminadas genéticamente y estereotipadas para todos los miembros de la misma especie. En las personas la afectividad no esta dada por comportamientos instintivos, sino que cada uno actúa desde su intimidad y son el aprendizaje y la intencionalidad los que la determinan.
Según el planteamiento de Sierra[1] el plano afectivo se desarrolla por la fuerza de los deseos y de los impulsos. Los deseos son apetitos que buscan conseguir lo que se percibe como un bien. Se dan en el presente, en lo sensible y su satisfacción produce placer. Ejemplo de ellos sería la nutrición. El deseo de comer desaparece de la conciencia una vez satisfecho y está supeditado y limitado a la realidad física del cuerpo; solo se puede comer hasta un punto de saciedad.
Los impulsos son fuerzas destinadas a la obtención de un “bien” que no es tan fácilmente accequible al sujeto y que generalmente está más allá del presente y de la sensibilidad. Ejemplo de ellos sería la agresividad que busca eliminar un obstáculo en la búsqueda de un “bien”. Un niño le pega a otro para arrebatarle un juguete que desea tener.
La afectividad se moldea en el ambiente en el que el niño crece. Es la familia con los padres como primeros gestores quienes van a influir de manera definitiva en este plano. Sus características se van a ver ampliadas y complementadas por la educación fuera del hogar  y por todas las relaciones sociales posteriores.

Inteligencia, voluntad y afectividad


La afectividad humana con sus deseos e impulsos se ve influida por la inteligencia y por la voluntad. Las principales manifestaciones de la inteligencia son el lenguaje y el pensamiento. La voluntad es la potencia que busca obtener para el sujeto lo que asume como un bien.
Los comportamientos humanos son producto de la combinación de la afectividad con la inteligencia y la voluntad, lo que produce su singularidad. Las actuaciones humanas no son fácilmente predecibles por el conjunto de factores que las producen.
“Educar a la persona no es solo educar la inteligencia para que busque diligentemente la verdad y educar la voluntad para que se adhiera al verdadero bien. Ha de educarse también la afectividad de la que provienen deseos, impulsos y sugestiones que bien pueden ser la mayor fuente de error a la hora de la elección” [2]

Inteligencia Emocional 


Los niños pequeños entienden desde muy temprano en su desarrollo el lenguaje afectivo y la comunicación no verbal.  “La unión se desarrolla en el bebé por medio del roce, la vista, el oído, el gusto y el olfato. El comportamiento de parte de la madre y el padre en lo que respecta a acariciar, besar, abrazar y contemplar prolongadamente, son indicadores de los nexos de unión que se establecen con su bebé” [3] La experiencia de sensaciones, sentimientos, emociones y afectos en los primeros años genera una memoria sensible que perdura durante toda la vida. La calidad de estas primeras experiencias marcan el rumbo afectivo de la persona. Al ser positivas o negativas determinarán lo que será afectivamente esa persona en su vida.

El concepto de inteligencia afectiva o emocional propuesto en 1.995 por Daniel Goleman [4] se entiende como el conocimiento de la propia emocionalidad,  la auto-motivación y la capacidad de conectar la inteligencia y la voluntad con la afectividad para conseguir que el proceso cognitivo sea más que un aprendizaje de conocimientos una búsqueda del bien y la verdad.
Educar los sentimientos es prepararlos para que reaccionen a lo positivo, lo bello, lo verdadero, lo justo y lo trascendente. Son los padres los primeros encargados y responsables de esta tarea, para que formen hijos con sentimientos positivos, sanos y buenos hacia si mismos, hacia los demás y hacia el medio que les rodea. El padre es quien genera los sentimientos más fuertes y más estables y junto con la madre enseña todos los sentimientos básicos.

El Padre y la afectividad


Como la afectividad está movida por deseos e impulsos corresponde a los padres acompañar a sus hijos en el aprendizaje del control y manejo de estos.
El bebé recién nacido experimenta el mundo desde sus sensaciones producidas por sus necesidades básicas. Siente hambre, frío, humedad, miedo o sueño. Qué puede hacer el padre para ayudarle? Darle un tetero, arroparle, cambiarle el pañal, alzarle o arrullarle para dormir. Desafortunadamente para muchos hombres  estas sencillas tareas son consideradas difíciles, ajenas a su género, poco masculinas, responsabilidad de la madre o simplemente no están presentes para hacerlas.
Desde los primeros meses un bebé está aprendiendo su relación con el mundo y si en su vida cotidiana su padre no está presente los lazos que podría establecer con él no van empezar siendo fuertes. Ya está establecido que la comunicación de los primeros meses está dada por el contacto, un bebé no entiende discursos. El contacto visual, la caricia, el abrazo y la palabra amorosa del padre son fundamentales en los primeros años de vida. Es con esta presencia que el padre empieza su labor en la educación de la afectividad de sus hijos.

El Proveedor 


El rol masculino tradicional lo ha considerado como el proveedor de la familia y el garante de la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación, techo, vestido, etc. Es generalmente el esposo y padre quien trabaja para proporcionar el dinero que satisfaga estas necesidades.  Sin embargo el cumplimiento de este rol no puede hacer que por su trabajo se olvide de su presencia en la vida cotidiana del hogar.  En su libro “El Don de Ser Padre” Aaron Hass [5] plantea que muchos hombres justifican con racionalizaciones su ausencia de la vida de sus hijos debido a que están trabajando para darles lo que necesitan: ”Paso muchas horas trabajando para que no les falte nada”, “Tengo que trabajar mucho para que puedan tener todo lo que yo no tuve”. 
Muchos padres consideran, desafortunadamente, que la mejor manera de demostrar que aman a sus hijos es trabajar por ellos y las cosas materiales que les dan. El problema de las anteriores afirmaciones es que se quedan sólo en el plano material, olvidando que las necesidades de los hijos son igualmente, sino más, en otros planos.
“Educar la afectividad es generar un hábitat en lo físico, lo afectivo, lo psíquico y lo espiritual que se adecue lo más posible a un optimum de desarrollo humano, a partir del cabal conocimiento de las necesidades de la persona en cada uno de estos campos; ... como diferentes niveles de un proceso global, en donde todos los factores son inter-dependientes”[6]


El Protector 

El hombre tiene una constitución física que le posibilita proteger y cuidar de su pareja e hijos. Cuando un bebé nace está totalmente indefenso. Es un ser completamente vulnerable que depende de sus padres para sobrevivir. Los sentimientos y deseos de protección y responsabilidad que experimentan los padres se intensifican con la experiencia de cuidar al niño. “En ese tierno amor paternal hay una emotiva receptividad elemental que suele ser nueva para los padres primerizos. Repetidamente los hombres dicen que les sorprende la intensidad de sus sentimientos. Estas emociones respecto a sus hijos son distintas de cuanto han experimentado antes”[7]
La indefección del bebé y del niño produce comprensión y compasión en un adulto sano, y un deseo de proteger y cuidar. Este rol es fundamental, pero no debe volverse sobre-protección. Es nocivo para el hijo el que su padre lo sobre-proteja, porque el mensaje que recibe es de su propia incompetencia y de falta de confianza del adulto en sus capacidades. La sobre-protección produce niños inseguros, con autoestimas pobres y que pueden volverse adolescentes rebeldes o deprimidos.

El modelo afectivo 


Los padres son los modelos de los hijos. Los niños aprenden por imitación. El amor se aprende y si un hombre es capaz de amar mejor a su hijo esté aprenderá a amarse mejor a si mismo y a otros seres humanos. Si un padre es amoroso con los miembros de su familia los hijos aprenderán a amar a otras personas. Esto no puede ser un discurso, sino una experiencia de vida.
Así mismo, no basta amar a un niño, es importante demostrárselo. Las acciones y las palabras cumplen un papel primordial en esto. Los niños, al igual que los adultos, necesitan reconocimiento y valoración.
Si los padres son empáticos con sus hijos y sus circunstancias, los hijos aprenderán a ser empáticos con otras personas. A veces los padres quieren evitar experiencias dolorosas a los hijos y les quitan importancia a sus sentimientos de dolor lo que termina siendo contraproducente porque el niño se siente incomprendido y solo.


El modelo social y sexual 

El padre es modelo no solo de expresión afectiva, sino del rol social y sexual.
El niño varón aprende los comportamientos masculinos de su padre. Aprende su forma de relacionarse con las mujeres a través de lo que ve de la relación de su padre con la madre. Aprende su rol masculino y lo que espera la sociedad de él desde la observación y  la imitación de su padre. La niña aprende su relación con los hombres de su relación con el padre. Es el su primer amor después de la madre y de esas primeras vinculaciones afectivas va a depender su futuro relacional y emocional.
La construcción de lo masculino en los hijos está influenciada poderosamente por el padre y sus comportamientos. Su ejemplo es básico en el momento de establecer ideas e ideales sobre el mundo, las personas y sus relaciones.
Existen roles y características considerados tradicionalmente masculinos como la autosuficiencia, la fuerza, la objetividad, el ser racional y cerebral, el autodominio, la autoridad y el ejercicio del poder que a veces por su estereotipia dificultan la tarea de ser padres a los hombres que quieren definirse de maneras menos rígidas. No solamente las mujeres pueden ser sensibles y tiernas. Existe una forma de ternura masculina, y su sensibilidad enriquece al mundo. La ternura del padre y la madre son diferentes, pero se complementan.
Definitivamente los hombres pueden y deben expresarse afectuosamente con sus hijos.

La autoridad 


El amor no basta para educar la afectividad. Los hijos necesitan orientación y límites para sentirse seguros.  Las normas y las leyes nos ayudan a aliviar los sentimientos de vulnerabilidad y las sensaciones de descontrol. Los niños no saben regular sus impulsos y necesitan adultos guías que les ayuden a aprender a controlarse.
Es el padre un elemento fundamental para que el hijo aprenda disciplina y auto-control. Hass[8] plantea que hay tres tipos de padres en relación con la autoridad.  El Padre Autoritario que suele producir hijos ansiosos, temerosos y deprimidos es alguien insensible a las necesidades de sus hijos, que prohíbe los desacuerdos, mantiene controles excesivamente rígidos, es hiper-crítico, es impaciente y siempre está juzgando al hijo. 
El Padre Permisivo que suele producir hijos manipuladores e incapaces de tolerar la menor frustración de sus deseos es aquel que no logra establecer límites, refleja una necesidad exagerada de que sus hijos le quieran y racionaliza su renuncia al papel de padre. 
Y el padre con autoridad que suele producir hijos seguros de si mismos y seres humanos compasivos que es quien fija reglas realistas, admite los errores, expresa calidez y afecto, explica los motivos de sus decisiones, es estimulador, define con claridad los límites, no es demasiado crítico y es sensible a las necesidades particulares de su hijo.
Alvaro Sierra describe en su libro de Educación de la afectividad[9] algunos errores que socavan la autoridad de los padres frente a los hijos. Entregar la responsabilidad de la educación al centro escolar considerando que la escuela puede brindar una educación integral es un grave error. El autoritarismo expresado como gritos, cantaletas o castigos les hace perder respeto frente a sus hijos. No ejercer el derecho-deber de la autoridad bajo la excusa de preservar la paz de la familia deja a los hijos sin guía. Socavar la autoridad del cónyuge para defender el propio prestigio afecta la credibilidad de ambos padres. Expresarse mal de los demás y no asumir las responsabilidades personales, así como delegar funciones que les corresponden en su tarea de formar generan que sus hijos les vean como incompetentes. No ser  buen amigo o mostrarse incapaz de servir a otra persona, hace que los hijos les vean mezquinos y pobres espiritualmente.


Limitaciones de los padres


Es importante entender porque los hombres no siempre pueden ejercer una paternidad plena y asumir sus compromisos de educación integral de la afectividad de sus hijos.
Entre las razones para no compartir más tiempo y posibilitar espacios educativos con los hijos pueden estar el considerar las tareas de crianza muy difíciles o no sentirse preparado para realizarlas (como se expuso anteriormente) o el no haberse involucrado con la crianza desde los primeros años lo que puede hacer que no haya un vínculo fuerte entre padre e hijo y se sientan mutuamente incómodos lo que los lleva a evitar compartir momentos. También el padre puede sentirse rechazado en algún momento generándole malestar y afectando su deseo de compartir con el hijo. Algunos padres tienen la sensación de que el hijo es una carga demasiado grande, o que los hijos son responsabilidad de la madre.
Otros padres piensan que su hijo es muy diferente a él por sus intereses, sus gustos, su temperamento o que es una persona muy difícil. Se les hace muy complejo relacionarse con él y prefieren eludir su papel.
Para otros la educación de los hijos es un tema en el que no hay acuerdo con su pareja lo que les lleva a evitar la tarea para evitar el conflicto. Si los valores para educar a los hijos, o las formas de disciplinar, o las formas de relacionarse no coinciden en ambos miembros de la pareja esto va a generar un conflicto.
Algunas mujeres consideran que el rol de madres concebido de manera muy tradicional excluye a los padres de la vida cotidiana  de sus hijos y sienten su presencia como una intromisión. Estas madres se ven amenazadas si el padre quiere compartir la crianza y se vuelve una situación competitiva y no cooperativa.
Muchos hombres carecieron en su propia infancia de un modelo sano de padre. Tuvieron padres ausentes, maltratadores o que les dieron un ejemplo negativo en su afectividad. Esto les dificulta su propia tarea paterna y les revive sus propios conflictos en la relación padre-hijo.

La importancia del rol paterno 


A lo largo del texto se han descrito las tareas irreemplazables del padre en la educación de la afectividad. El padre es ejemplo, protector, proveedor, modelo social y sexual, y es la autoridad que permite adquirir el autodominio.
Un padre sano y amoroso posibilita que la afectividad de sus hijos haga de ellos personas maduras, seguras, generosas y honestas. Un buen padre posibilita la formación de buenos hijos.
El amor y la autoridad paterna son una experiencia trascendente que les permite a los hijos aprender en todos los niveles y les garantiza el desarrollo físico, afectivo, psíquico y espiritual y la educación verdaderamente integral.
Este proceso continuo, realizado de manera responsable y buena no trae solamente grandes satisfacciones para los hijos, sino tambien para los padres, porque a traves de esta experiencia se hacen mejores seres humanos, mejores esposos y mejores hombres.





[1] SIERRA LONDOÑO, A.(1998). Educación de la Afectividad, Bogotá,Universidad de La Sabana, pp. 57- 62.

[2] SIERRA LONDOÑO, A.(1998). Educación de la Afectividad, Bogotá,Universidad de La Sabana, p.74
[3] AUCKETT, A. (1981),  El masaje para el bebé, Bogotá, Interamericana, p.14.
[4] GOLEMAN, D. (1995), New York, Emotional Intelligence, Bantm Boors, 352 pags.
[5] HASS,A.(1995) El Don der Ser Padre, Buenos Aires, Javier Vergara Editor,p. 18 y 19.
[6] SIERRA LONDOÑO, A.(1998). Educación de la Afectividad, Bogotá,Universidad de La Sabana, p. 188.
[7] WORHT, C. (1989). Padre por primera vez, Bogotá, Norma, p.106.
[8] HASS,A.(1995) El Don der Ser Padre, Buenos Aires, Javier Vergara Editor,p. 107 y 108.
[9] SIERRA LONDOÑO, A.(1998). Educación de la Afectividad, Bogotá,Universidad de La Sabana, p.231 a 234.

SEXUALIDAD EN LA ADOLESCENCIA


La adolescencia es un puente entre la infancia y la adultez, con todas las posibilidades, flexibilidad y riesgos que implica estar entre dos orillas. La sexualidad para la adolescencia actual plantea muchos retos, porque la  cultura, a través de los medios de comunicación, les bombardea constantemente con mensajes sexuales, pero quiere que esperen a volverse adultos para ser sexualmente activos. Esta incoherencia en el mensaje ha generado muchos problemas como iniciación precoz, altas tasas de embarazos adolescentes, jóvenes con infecciones de transmisión sexual, problemas afectivos, de pareja y violencia sexual.

Con la pubertad, causada por las hormonas, se despiertan no solo el deseo sexual y la atracción hacia otras personas sino todo un conjunto de inquietudes sobre si mismo, los demás y la relación con el mundo. A partir de los 12 años y a veces antes, empiezan una serie de cambios que modifican el cuerpo, las sensaciones y la mentalidad adolescentes. El cuerpo crece, aumenta su altura y cambian sus formas; en los varones se desarrollan músculos y se ensancha la espalda, en las niñas se ensanchan las caderas, se marca la cintura y les crecen los senos. Aparece vello corporal en las axilas, el pubis, y las piernas, principal, pero  no exclusivamente.  En los varones pelo en la cara y en el pecho. En ambos sexos cambian la sudoración y al engrosarse la piel y aumentar la producción de grasa, puede aparecer acné. A ambos sexos, les cambia la voz, a ellos pasando por los angustiosos ¨gallos¨. A ellas les llega su primera menstruación y ellos tienen sus primeras eyaculaciones. Sus mentalidades también maduran. Cambian sus sentimientos. Se gustan, se enamoran, se enredan, se pelean, se separan, se deprimen, se vuelven a enamorar. Se sienten solos. Adoran a sus amigos o los odian. Están felices en la mañana y deprimidos por la tarde o viceversa. Sus emociones parecen una montaña rusa. No entienden a sus papás, ni a veces a ellos mismos. Son adolescentes.

La mayoría de los adolescentes tienen una sexualidad sana y positiva si maduran física, emocional, espiritual y socialmente de manera integral. Para poder disfrutar nuevas experiencias necesitan aprender a asumir nuevas responsabilidades.

Como los adolescentes tienen el desarrollo físico para experimentar deseo sexual, algunos consideran que también tienen la madurez para tener relaciones sexuales. Sin embargo, las relaciones sexuales entre personas que no estén maduras para responsabilizarse de sus consecuencias pueden ser muy problemáticas. Si no están preparados, la experiencia es de desilusión. A nivel afectivo pueden tener sensaciones de vacío y maltratar su autoestima. Puede haber embarazos no planeados y se exponen a infecciones de transmisión sexual. La falta de compromiso y de vínculos afectivos produce inestabilidad porque el sexo casual les desgasta emocionalmente y afecta la autoestima.

Si un adolescente tiene comportamientos sexuales que le hacen daño a si mismo o a otros es necesario intervenir.

La iniciación sexual temprana no es aconsejable porque la persona no ha madurado completamente para poder vivir una sexualidad activa con plenitud y como experiencia positiva y enriquecedora.

La promiscuidad (relaciones sexuales con múltiples parejas) es un riesgo para la estabilidad emocional y para la salud física. Esto ocurre con frecuencia como resultado de mezclar alcohol con sexo, combinación muy peligrosa, porque la persona pierde el juicio crítico y actúa de manera irresponsable sin pensar en consecuencias.

Si un adolescente tiene una enfermedad de transmisión sexual especialmente en el caso de ser VIH positivo o tener SIDA, necesita mucho apoyo familiar y de sus amigos porque el componente emocional es fundamental en el curso de la enfermedad.


Si una adolescente esta embarazada requiere toda la red de apoyo social que la pueda rodear porque enfrenta una responsabilidad adulta sin haber completado su maduración y carente de muchos elementos para ejercer una maternidad sana como experiencia positiva para ella y su bebé.

EL ROL DE PAPÁ Y MAMÁ EN LA EDUCACIÓN SEXUAL.

Cómo formar hijos e hijas sanas

          Es en la niñez y en la infancia donde se fundamentan las bases de una sexualidad sana por lo que son papá y mamá quienes tienen en sus manos la mayor responsabilidad en el desarrollo de una sexualidad con autoestima, autonomía, responsabilidad y valores.

Para realizar esta tarea es fundamental adquirir algunas herramientas para ayudar a su hijo o hija a crecer como un ser humano sexualmente sano, responsable  y feliz. En este proceso es importante empezar por la comprensión general de las características de la sexualidad infantil y juvenil; realizar una revisión de los valores personales hacia la sexualidad y aprender algunas estrategias para responder a las preguntas infantiles y a las inquietudes juveniles sobre la sexualidad.

La sexualidad incluye elementos afectivos, de género, eróticos y reproductivos en las áreas biológicas, psicológicas, sociales, espirituales y éticas. Somos sexuales desde el nacimiento hasta la muerte. Tenemos una experiencia en un cuerpo que nos da sensaciones, placer y dolor, aprendemos a ser hombres o mujeres, sentimos emociones, construimos relaciones con los demás y amamos. También al alcanzar la madurez sexual, podemos reproducirnos; si así lo decidimos.


La sexualidad infantil

La sexualidad infantil tiene unas características propias que la diferencian de la sexualidad en otras etapas vitales. No es reproductiva; es más afectiva que erótica (más amorosa que placentera), y en la infancia no hay hormonas sexuales, ni deseo sexual.

Los niños sienten placer en todo el cuerpo y no se concentran en los genitales. A veces los tocan en su exploración, pero si se les pega o regaña por eso sentirán que son partes malas o sucias lo que les formará una idea negativa de una parte tan importante de su propio cuerpo. En la infancia se disfruta plenamente de las sensaciones sin juzgarlas ni reprimirlas. Niñas y niñas son ¨gocetas¨ por naturaleza. Los bebés tienen sensaciones desde que nacen y dentro de su desarrollo descubren todo de su cuerpo, incluidos los genitales a los que a veces tocan. Este comportamiento aunque placentero, no puede equipararse a la masturbación que se presenta después en el desarrollo, ya que su finalidad no es la obtención de un orgasmo.

El mostrar su cuerpo tampoco puede juzgarse como una conducta ¨exhibicionista¨ equiparable a este tipo de comportamiento en jóvenes o adultos. Sin embargo el pequeño debe aprender que hay situaciones apropiadas para el desnudo y otros espacios y circunstancias donde es inadecuado, ya que hay una regulación social adecuada a cada cultura y momento histórico sobre el mostrar el cuerpo.

Los niños y las niñas hacen juegos para conocer y comparar sus cuerpos. Se llaman juegos sexuales y ocurren por curiosidad como parte normal del desarrollo. Juegan al médico, al papá y la mamá, a bañarse o al reinado de belleza. A veces se quitan la ropa para mirarse. Esto es normal en niños menores de 7 años y la diferencia de edades entre niños que jueguen no debe ser mayor de 3 años para prevenir situaciones abusivas. La curiosidad infantil también les llevará a hacer preguntas sobre el cuerpo, el amor, la reproducción, la relación de pareja y otros temas que les llamen la atención. Más adelante se tratará el cómo abordar las preguntas infantiles sobre sexo.

Los niños y las niñas construyen su ser hombres y mujeres desde muy pequeños y a partir de los 2 años de edad ya tienen establecida su identidad sexual; es decir, reconocen su pertenencia al sexo femenino o masculino y conocen los comportamientos, formas de ser y actitudes de ese sexo del que son parte. Esta es su preparación para ejercer su rol como adultos de uno u otro sexo o sea su rol de género en el que actúan acorde a las expectativas sociales para su género. El género es una construcción social que se adecua a las sociedades en que se construye variando histórica y culturalmente. 

  Desde la infancia temprana hasta los 6 años se incrementa  la curiosidad sexual, puede haber ¨masturbación¨, continúan los juegos sexuales y ocasionalmente las conductas exhibicionistas. En esta época se fortalece la identidad sexual y se afianza el rol de género.

De los 7 a los 12 años la interacción es principalmente homo-social y se adquiere permanente la identidad sexual. En estas edades los roles de género se vuelven más flexibles. Se incrementa el desarrollo físico, el desarrollo del lenguaje y se empieza una interiorización más profunda de la moral sexual de la cultura a la que se pertenece. En estos años sus cuerpos crecen hasta llegar a la pubertad que produce, por las hormonas, los mayores cambios físicos, y psicológicos marcando su desarrollo sexual. Son pre-adolescentes por un par de años con características, posibilidades, expectativas y problemas específicos de esta edad hasta que se vuelven adolescentes.



Problemas de la sexualidad infantil y alternativas de intervención

La mayoría de los niños y niñas no sufren problemas relacionados con su sexualidad, exceptuando aquellos que son víctimas de abuso sexual. En esos casos necesitan atención urgente e integral para ayudarles a elaborar el trauma.
 Los niños no deben nunca ser expuestos a pornografía porque distorsiona sus ideas del cuerpo y las expectativas frente a una sexualidad sana. Si un menor fue expuesto a pornografía requiere una explicación clara de lo inadecuado del material para poder rectificar ideas distorsionadas sobre la sexualidad. Su flexibilidad en esta etapa de la vida le pone en alto riesgo de absorber ideas negativas sobre el comportamiento sexual y anti-valores si los adquiere de material explícito que esta hecho para excitar y no tiene un componente formativo.

Algunos niños pueden tocar sus genitales implicando un problema, por ejemplo en lugares inapropiados (el salón de clase, la mesa del comedor), en público (las conductas sexuales deben ser privadas) o excesivamente (quitando tiempo a otras actividades importantes y propias de su desarrollo como el juego, el estudio, el deporte o actividades sociales acorde a su edad), aun cuando se les haya explicado que no es apropiado hacerlo en esas condiciones.

Si un niño invierte un tiempo excesivo en tocarse o en juegos sexuales requiere una intervención. Lo primero que hay que descartar es una infección genital o urinaria que les cause ardor, lo que hace que se toquen buscando alivio al malestar. Si no hay una razón médica, debe buscarse asesoría psicológica para hallar la razón emocional que le causa ansiedad y que el niño busca controlar tocándose.

Los juegos sexuales son parte normal del desarrollo hasta cierta edad 7 – 9 años pasada la cual desaparecen por el pudor que el niño desarrolla. Si un niño o niña  muestran comportamientos sexuales que son inapropiados para su edad (comportamiento sexual explícito o imitaciones muy cercanas a relaciones sexuales) necesita una intervención profesional. Lo más importante es determinar si esta siendo víctima de abuso sexual, en cuyo caso requiere una intervención inmediata, profesional e integral para abordar el problema. Existen instituciones especializadas en esta situación.


Las preguntas infantiles sobre sexo y las respuestas adultas

Los niños y niñas hacen preguntas sobre sexo por su curiosidad y deseo de aprender sobre el mundo que les rodea. De acuerdo a la actitud que vean en sus adultos continuarán haciéndolas o buscarán otras fuentes para saciar su interés. Las respuestas de los adultos en general deberían tener las siguientes características. Primero ser respuestas honestas, usando la verdad en la medida de la comprensión del niño. Si usted miente está modelando un anti-valor. Deben ser claras al nivel de comprensión del niño. Ser lógicas y graduales a lo que se esté preguntando y usar un lenguaje apropiado. Es fundamental que sean contestadas de manera oportuna, es decir cuando sean realizadas. Lo más importante a considerar es que la persona adulta este consciente de que lo que transmite además de información son valores y que la forma en que responde, su actitud y el contenido están formando o deformando a una persona en crecimiento.



Consejos para formar una sexualidad sana, responsable y feliz


·       Dar una educación que posibilite el respeto a sí mismo y del otro es fundamental para formar personas responsables, y tolerantes ante los demás.
·       Permitir el conocimiento de sí mismo y la valoración de cada uno como un ser único e irrepetible para aprender a quererse y poder querer a otros.
·       Niños y jóvenes crecerán para hacerse adultos sanos que puedan vivir su vida sexual plenamente, si se les ofrece información adecuada y herramientas para la toma de decisiones con responsabilidad.
·       Fomentar el auto-cuidado; desde niños, las personas pueden aprender a cuidar y valorar las diferentes partes de su cuerpo incluidos sus genitales. Esto implica usar un lenguaje apropiado.
·       Se debe enseñar que a los órganos sexuales, que algunos llaman partes privadas, hay que protegerlos porque lo privado es lo intimo, lo propio y especial que se atesora.
·       Fortalecer la autoestima es una tarea constante. Esto incluye reconocer las fortalezas y debilidades de cada uno para poder construir una personalidad mejor.
·       Posibilitar a los niños la toma de decisiones de acuerdo a su edad y permitirles asumir las consecuencias de sus decisiones es fundamental para formarles como personas autónomas y responsables a todo nivel, incluido el sexual.
·       Fomentar la buena comunicación entre los miembros de la familia fortalece sus vínculos. La compañía y apoyo familiar previenen comportamientos lesivos.
·       La buena comunicación incluye el escuchar con atención al otro. Si quiere que alguien lo escuche a usted, primero óigalo. Esto es fundamental para mantener una buena relación con los hijos, especialmente con los adolescentes.
·       Las relaciones sexuales son una actividad para personas maduras y responsables que se puedan hacer cargo pleno de sus consecuencias en todos los aspectos. Por ello se debe enseñar a los y las adolescentes que no hay afán de empezar su vida sexual hasta que no estén preparados.
·       Las preguntas e inquietudes sobre sexualidad son válidas e importantes para niños y adolescentes porque las respuestas de sus adultos, cuando tienen claro su componente de valores, les permiten formarse y no solo informarse.
·       Lo que más forma la sexualidad en la niñez y adolescencia es el ejemplo de los adultos. Es en la convivencia familiar donde aprendemos sobre feminidad, masculinidad, relación de pareja, expresión de las emociones, amor, paternidad y los temas que van a determinar la vida adulta.
·       Pensar que si no hablamos en familia de los temas de la sexualidad no estamos haciendo educación sexual es erróneo porque el mensaje que transmitimos es que esos temas son tabú. Los niños y adolescentes encontrarán información en otros lugares tal vez con enfoques y valores muy distintos a los que quisiéramos para ellos.